El Maestro nos envía

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Ser enviados al mundo significa llevar la fuerza de la vida a toda realidad que encontramos cotidianamente.

Hoy somos nosotros los ojos, las manos, la boca, la voz del Maestro resucitado y ascendido al cielo. Nada debemos temer, porque hasta el final de los tiempos el Espíritu del Resucitado guía toda nuestra historia y la de aquellos que la vida se deja encontrar.

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Escritura con la misma mirada con la que Tú la has leído para los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los hechos que nos turban de tu condenación y muerte. Así, la cruz que les parecía el final de toda esperanza, se les apareció como fuente de vida y de resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la escritura, en los hechos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los sufrientes. Tu palabra nos orienta para que también nosotros, como los dos discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo entre nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz.

Esto te pedimos a Ti, Jesús, hijo de María que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

 

 

Gentileza de www.rio2013.com

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