LA EUTANASIA Y LOS JÓVENES

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Anécdota divertida que hace pensar

Hace unos días, llegó a mis manos una anécdota simpática que me hizo pensar. Se trataba de un diálogo entre una madre bastante brava y decidida, y su hija adolescente. Decía así:

Anoche mi madre y yo estábamos sentadas en el cuarto de estar hablando de las muchas cosas de la vida... entre otras... estábamos hablando del tema de vivir/morir.

Le dije: 
«Mamá, nunca me dejes vivir en estado vegetativo, dependiendo de máquinas y líquidos de una botella. Si me ves en ese estado, desenchufa los artefactos que me mantienen viva. PREFIERO MORIR».

¡Entonces, mi madre se levantó con una cara de admiración ...Y me desenchufó el televisor, el DVD, el cable, Internet, la PC, el mp3/4, la PlayS, el teléfono fijo, me quitó el móvil, el Ipod y me tiró todas las coca-colas del frigorífico!.

¡¡¡La madre que la parió!!!
¡¡¡¡CASI ME MUERO!!!! »

Efectivamente son muchos los ancianos, y quizá no tan ancianos, que sus últimos años de vida, después de una larga vida de esfuerzos, luchas y compromisos asumidos, alegrías y sufrimientos, están dependiendo de una máquina y los líquidos de una botella... Vidas cargadas de responsabilidades... Vidas que quizá no pasarán a la historia por sus grandes heroicidades pero verdaderamente heroicas... Vidas de las que no nos queremos separar porque lo han dado todo por nosotros... Vidas que han hecho posible que tengamos todo lo que tenemos y vivamos como vivimos... Vidas que se van consumiendo poco a poco acompañadas del cariño y la admiración de los suyos... vidas que se van apagando porque es ley de vida...


¡Nada que ver con la hija de 15 años! La verdad es que la hija se lo puso en bandeja a la madre, pero es de admirar la agilidad de ésta para hacerle ver a su hija que el «estado vegetativo» en el que nunca querría caer no era un «futurible», sino que ya estaba inmersa en él. Y desgraciadamente no sólo su hija. Son muchos los adolescentes, y no tan adolescentes, que se encuentran inmersos en ese «estado vegetativo», de aletargamiento vital sin demasiadas responsabilidades ni compromisos, en estado de absoluta « dependencia». Dependientes del: tuenty, Mp3/4, messenger, videojuegos, móvil... incapaces de prescindir de ellos ni siquiera unas horas... Dependientes no de una botella, sino del botellón... ¡Paradojas de la vida!

 

Elizabete Bengoetxea Kortazar
sontushijos.org
www.iglesia.org
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