Una muerte digna

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«Tratados como personas hasta el último momento»
«sólo a ciertos animales no compensa cuidarlos»

Soy Luis de Moya y ofrezco en estas páginas argumentos en defensa de la vida humana digna del enfermo y del anciano en sus momentos finales. No matar es tan decisivo para la humanidad que, aparte de ser un imperativo naturalmente impreso en nuestro ser, constituye desde siempre un precepto que exigen médicos, juristas, filósofos, moralistas, personas corrientes con sentido común y que el testimonio de muchos que saben vivir con dignidad en situaciones difíciles, exige que sea adecuadamente garantizado.

Es necesario manejar con precisión y correctamente unas pocas expresiones, que definen situaciones muy concretas y acciones bien determinadas, de las que depende una buena práctica médica, social y humana, con quienes viven sus últimos momentos. 

Experiencias de personas muy discapacitadas e incurables, entre las que me incluyo. A veces no nos referimos expresamente a la eutanasia, aunque sí al valor de la vida de una persona deficiente. 

La eutanasia se plantea con frecuencia como una cuestión médica. Se recogen criterios médicos clásicos y actuales sobre este modo de acabar con la vida humana y varias reflexiones de especialistas en bioética. 

Los que entre las dificultades de la vida quieren ser buenas personas, valoran el heroísmo, la abnegación y la generosidad del amor; y ven el «abismo» al que conduce la eutanasia y las falacias más frecuentes cuando se defiende. 
Para un católico no hay duda: la eutanasia no es aceptable, tratándose de matar a un inocente. Un cristiano coherente se sabe hijo de Dios y en El confía también para la hora de la muerte. 

El concepto de dignidad humana, el sentido de la vida, de la libertad, y qué entendemos por persona afectan al sentido de la muerte. Aceptar o no la eutanasia presupone un peculiar concepto del hombre y de su destino. 

La eutanasia supone suprimir intencionadamente la vida y es calificada de crimen por el derecho. La lamentable experiencia que vamos teniendo donde se tolera aconseja no permitir más el asesinato por compasión.

Conceptos generales en torno a la Muerte Digna y a la Eutanasia

Muerte digna: es la muerte con todos los alivios médicos adecuados y los consuelos humanos posibles. También se denomina ortotanasia.

Pretenden algunos identificarla con la muerte «a petición», provocada por el médico, cuando la vida ya no puede ofrecer un mínimo de confort que sería imprescindible; sería para éstos la muerte provocada por eutanasia.

Ortotanasia: es la muerte en buenas condiciones, con las molestias aliviadas.

Eutanasia: es la acción u omisión por parte del médico con intención provocar la muerte del paciente por compasión.

Eutanasia activa: es la eutanasia que mediante una acción positiva provoca la muerte del paciente. 

Eutanasia pasiva: es la eutanasia por dejar morir intencionadamente al paciente por omisión de cuidados o tratamientos que son necesarios y razonables. 

Esta expresión —eutanasia pasiva— se utiliza en ocasiones indebidamente para referirse, en una buena práctica médica, a la omisión de tratamientos desproporcionados que son contraproducentes, indeseables o muy costosos. No se debe hablar de ningún tipo de eutanasia en esos casos, puesto que fomenta la ambigüedad y contribuye a difuminar los límites entre el correcto ejercicio de la medicina y la eutanasia. Es lo que intentan los partidarios de esta práctica.

Conviene, sin embargo, mantener la expresión y el concepto específicos de eutanasia pasiva, pues, en ocasiones, se acaba así con la vida del paciente, por indicación médica: negándole cuidados que son necesarios y razonables.

Eutanasia voluntaria: la que se lleva a cabo con consentimiento del paciente. 

Eutanasia involuntaria: practicada sin el consentimiento del paciente. 

Encarnizamiento terapéutico (también obstinación o ensañamiento terapéuticos): es la aplicación de tratamientos inútiles; o, si son útiles, desproporcionadamente molestos o caros para el resultado que se espera de ellos.

Distanasia: es la muerte en malas condiciones, con dolor, molestias, sufrimiento... Sería la muerte con un mal tratamiento del dolor, o la asociada al encarnizamiento terapéutico.

Sedación terminal: es la correcta práctica médica de inducir el sueño del paciente, para que no sienta dolor, en los ya muy raros casos de dolores rebeldes a todo tratamiento. Una sedación suave acompañando a los analgésicos, que los potencia manteniendo la conciencia del paciente es muy recomendable.

Eutanasia directa: es lo que entendemos comúnmente por eutanasia; es decir, la muerte intencionada del enfermo a cargo del médico, por compasión. Puede ser activa o pasiva.

Eutanasia indirecta: en realidad no existe la eutanasia indirecta; pues no hay eutanasia sin intención de provocar la muerte. Sería para algunos —que confunden a otros con esta expresión— la muerte no buscada del paciente en el curso de un correcto tratamiento tratamiento paliativo, por ejemplo contra el dolor.

Enfermo desahuciado: el que padece una enfermedad para la que no existe un tratamiento curativo y que es mortal, aunque no necesariamente a corto plazo.

Enfermo Terminal: el que padece una enfermedad irrecuperable, previsiblemente mortal a corto plazo: en torno a dos semanas o un mes, a lo sumo.

Por Luis de Moya
Gentileza de www.muertedigna.org
www.iglesia.org
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