«Sin María, no hay cristianismo completo»

Valora este artículo
(1 Voto)

Entrevista a Vittorio Messori, autor de Hipótesis sobre María

Vittorio Messori, uno de los columnistas religiosos con más prestigio del mundo y autor de auténticos best-sellers de temática religiosa, acaba de publicar en español el libro Hipótesis sobre María (LibrosLibres), en el que busca aclarar quién es para los cristianos la Madre de Dios, qué credibilidad merecen sus apariciones y qué significado tiene dentro de la fe de la Iglesia.
 

 

En su libro hay una firme acusación, dirigida a determinado catolicismo adulto, de minusvalorar a la madre de Jesucristo. ¿A qué cree que se debe la ausencia de María en buena parte del discurso cristiano actual?

Sobre todo, a la influencia protestante sobre el catolicismo. La teología reformada está convencida desde siempre de que todo lo que se da a la Madre de Dios se le quita al Hijo. En realidad, la verdad es precisamente la contraria: allá donde María se eclipsa, antes o después desaparece también Jesús. Como demuestra la experiencia de casi cinco siglos, la fe se ha preservado mucho mejor entre católicos y ortodoxos, que dan a la Virgen el papel que le pertenece. El hecho es que esta Mujer es garantía de la verdad de la Encarnación: es su carne, es su útero el que garantiza que Dios se ha hecho hombre verdaderamente. Si se olvida esta carne, el Hijo se convierte en un predicador, un moralista, un profeta, pero ya no es verdadero Dios y, al mismo tiempo, verdadero hombre. Muchos teólogos creen que la devoción mariana no es elegante, piensan que es una desviación sentimental indigna de un hombre adulto. Lo cierto es que puede existir una devoción viril, en el mejor sentido de la palabra, como aquella, por ejemplo, de los caballeros medievales.

¿Por qué es tan importante Lourdes en su libro?

Podría decir, con una sonrisa: Sobre todo, por un hecho personal. Nací el mismo día que Joseph Ratzinger, un 16 de abril, es decir, el dies natalis (en el sentido cristiano de la muerte: el nacimiento a la vida verdadera, la vida eterna) de Bernardette Soubirous, la vidente de Lourdes. Aunque, en realidad, no es sólo por eso. Lourdes es, para mí, la transparencia evangélica, tanto en el mensaje como en aquella pequeña mensajera. Además, cuanto más estudio aquel suceso de 1858, más me convenzo de la absoluta verdad de los hechos y de su importancia, también apologética. Conozco, aprecio, venero también todas las demás apariciones marianas reconocidas por la Jerarquía. Pero, gracias a Dios, la Iglesia deja en estas cosas una libertad absoluta: cada uno tiene sus propias preferencias. He acudido a rezar, cada vez que he podido, a casi todos los santuarios marianos de Europa. Pero cuando pienso en Bernardette, me conmuevo...

Insiste mucho en la importancia de la fe sencilla y la piedad popular. ¿Por qué resulta sospechosa a menudo esa fe para las mentalidades ilustradas, incluso dentro de la propia Iglesia?

Jesús, en el Evangelio, es muy claro: Te doy gracias, Padre, porque has revelado estas cosas a los ignorantes y las has ocultado a los sabios. A partir de la Ilustración, en el siglo XVIII, se ha exaltado la cultura entendida sólo en sentido académico, escolástico. En realidad, mientras esta cultura puede llevar a la soberbia, la humildad del ignorante seg ún el mundo lo hace más disponible a comprender el Misterio de un Dios que ha querido hacerse niño. Tanto pecadores como inocentes, sienten que lo que caracteriza a la Madre es la misericordia, el saber acoger, el saber perdonar. Por eso, María los atrae. Quien tiene el coraz ón invadido de pecado y quien lo tiene puro son atraídos por aquella que es la Purísima, como decís vosotros los españoles.

En su libro se lamenta de que ninguno entre los estudiosos católicos haya hecho nunca una investigación seria para constatar si las profecías hechas por la Virgen en las diferentes apariciones se habían verificado y en qué medida. Y pone el ejemplo de la investigación hecha por usted mismo sobre una predicción de la Virgen en las apariciones en La Salette. ¿De qué se trata?

El 19 de septiembre de 1846, en una localidad de los Alpes franceses que se llama La Salette, la Virgen se le apareció a dos pastorcillos. Es una aparición reconocida por la Iglesia, tanto que, en Francia, después de Lourdes, es el santuario más visitado. Durante la aparición, la Virgen lloraba, dolorida por los pecados de los hombres. Dijo que habría un castigo, y que las uvas se marchitarán. Yo fui a estudiar qué había sucedido con las uvas en Francia después de 1846. Después de las apariciones, hizo su aparición un hongo parásito que agrede a la uva, esparciendo el oidio, una enfermedad de la vid nunca vista en Francia hasta entonces. Cuando desapareció, se manifestó enseguida la filoxera, un piojo microscópico que destruyó la mitad de las viñas de todo el país. Se encontró un remedio para la filoxera, pero apareció inmediatamente la peronospera, una enfermedad desconocida en Europa, y originaria de América. Las pocas vides que habían logrado salir sanas y salvas de los flagelos precedentes, fueron destruidas por el nuevo mal. He investigado también en los archivos y en las bibliotecas francesas: en Francia no existe una sola especie de vid anterior a 1847. Todas las que existían murieron. Una terrible predicción que se cumplió totalmente...

 

Miguel Moreno Alfa y Omega
Gentileza de Fluvium.org
www.iglesia.org
Visto 3689 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.