CAP. VII
BIOGRAFÍA DE JESÚS
La última actividad en Galilea
Por propia decisión, el Señor
permanece luego en Galilea durante un tiempo más o menos largo
—unos cinco meses— antes de dirigirse definitivamente
hacia Jerusalén. No se trató de una nueva actividad en
esta región, ya que Jesús consideró terminada
esa labor con la segunda multiplicación de los panes. Fue más
bien un poner distancia respecto de Jerusalén, debido a los
intentos de darle muerte que se fraguaban en la capital (Jn 7, 1). No
es que Jesús temiera la realización de esos tristes
proyectos; es que simplemente quería ser El mismo quien
eligiera el momento de dar su vida, lo que El llamaba su hora. De
hecho es poca la información que tenemos de la actividad en
esta época, concentrada más bien en la instrucción
a los Doce. Lo hacía caminando por Galilea con sus discípulos.
En el curso de una de estas caminatas con los
Doce hizo el segundo anuncio de la pasión y resurrección
(Mt 17, 22-23; Mc 9, 30-32; Lc 9, 43b-45). De vuelta ya a Cafarnaún
le es solicitado al Señor el pago del impuesto del Templo (Mt
17, 24-27). Y ya en la casa Jesús se extiende en la enseñanza
acerca de la vida en la comunidad de sus discípulos, en la
Iglesia (Mt 18, 1-35; Mc 9, 33-50; Lc 9, 46-50; 17, 1-10).
De Galilea a Judea
Poco antes de la fiesta de Tabernáculos
—en octubre/noviembre del 29 dC— el Señor toma la
decisión de ir a Jerusalén abandonando definitivamente
la Galilea (Mt 19, 1a; Mc 10, 1a; Lc 9, 51; Jn 7, 2-10).
Aunque se trasladó con discreción,
de todas formas el Señor no pudo evitar algunos sucesos,
conocidos solamente por sus testigos presenciales. Durante el viaje a
la capital, y estando en la frontera entre Galilea y Samaría,
Jesús realiza la curación de los diez leprosos (Lc 17,
11-19). En diálogo con ciertos fariseos imparte varias
enseñazas sobre los últimos tiempos (Lc 17, 20-37). Muy
en conexión con lo anterior expone la parábola del juez
inicuo y la viuda importuna (Lc 18, 1-8). Y acercándose ya a
Jerusalén enseña la parábola del fariseo y el
publicano (Lc 18, 9-14).
De Tabernáculos a Dedicación
Comienza ahora un período —magistralmente
relatado por San Juan— de intensa actividad del Señor en
Jerusalén.
En la fiesta de Tabernáculos
Entre la multitud que acudía para la
fiesta el clima era a la vez de ansiedad y de temor. Seguía en
marcha el intento de dar muerte a Jesús con el conocimiento de
las autoridades hebreas. Por eso los complotados andaban buscándole
(Jn 7, 11) y había rumores y expectativas entre la gente (Jn
7, 12-13).
A mediados de la fiesta —duraba ocho días—
el Señor decide salir de su estar de incógnito y enseña
públicamente en el Templo (Jn 7, 14-30). Se suscitó una
variedad de reacciones (Jn 7, 31); y entonces los fariseos comienzan
a promover un mandato de captura del Sanedrín (Jn 7, 32). Al
tanto de estas tratativas, Jesús anuncia su próxima
partida (Jn 7, 33-36).
El último día de la fiesta —el
más importante— Jesús hizo gritando la promesa
del agua viva (Jn 7, 37-39). Se suscitaron nuevas divisiones entre la
gente (Jn 7, 40-43). También falla el intento de arresto
ordenado por miembros del Sanedrín al servicio de seguridad
del Templo (Jn 7, 44). Después de ser informado de este
fracaso, se produce un profundo desacuerdo en el Sanedrín
acerca de Jesús (Jn 7, 45-53). El Señor se retira
entonces al Monte de los Olivos (Jn 8, 1).