CAP. IX
BIOGRAFÍA DE JESÚS
Hacia la tercera Pascua en Jerusalén
La resurrección de Lázaro
La salida de Jesús fue hacia Betania. Dos
días antes de partir había recibido la noticia de la
agonía de Lázaro (Jn 11, 1-6). Jesús va a
Betania consciente de la muerte de su amigo (Jn 11, 7-16). Se marchó
dispuesto a resucitarlo, sabiendo que este milagro acabaría
costándole la vida.
Ya a las puertas de Betania Jesús se
encuentra con numerosos judíos que habían venido de
Jerusalén para acompañar a las dos hermanas (Jn 11,
17-19). A continuación tiene lugar el diálogo con Marta
(Jn 11, 20-27) y luego el diálogo con María (Jn 11,
28-32). El llanto de María caló hondo en el Señor;
estremecido, Jesús llora y va al sepulcro (Jn 11, 33-38). A
continuación tiene lugar el impresionante milagro de la
resurrección de Lázaro (Jn 11, 39-44).
Las repercusiones del prodigio alarmaron a los
fariseos y a los sumos sacerdotes, miembros del Sanedrín. Se
convoca entonces a una reunión plenaria y, abandonando las
perplejidades anteriores, el Sanedrín decide la muerte de
Jesús (Jn 11, 45-53).
Si bien no se divulgó esta decisión,
de todas formas el Sanedrín dio mandato oficial de captura.
Entonces Jesús se retira a Efraín (Jn 11, 54), una
aldea apartada, en el límite con el desierto de Judea. En ella
permanecerá Jesús hasta que inicie su último
viaje a Jerusalén.
El último viaje a Jerusalén
Había expectativas en Jerusalén
entre los israelitas que habían llegado a la capital antes de
la Pascua para purificarse (Jn 11, 55-57).
Al salir de Efraín Jesús hace a
los Doce el tercer anuncio de la pasión y resurrección
(Mt 20, 17-19; Mc 10, 32-34; Lc 18, 31-34). No es fácil
imaginarse el tono en que el Señor se expresaría en
esta ocasión. La sucesiva petición de los hijos de
Zebedeo (Mt 20, 20-23; Mc 10, 35-40) da la medida de lo que entendían
entonces los apóstoles. Pero el Señor los toma en serio
y les responde con afecto. La grotesca polémica que se suscitó
a continuación entre los apóstoles da ocasión al
Señor para enseñarles sobre la autoridad y el servicio
(Mt 20, 24-28; Mc 10, 41-45).
El paso del Señor por Jericó tiene
una belleza particular. Se verifica allí el encuentro con
Zaqueo (Lc 19, 1-10); Jesús expone la parábola de las
diez menás (Lc 19, 11-27); y al salir de la ciudad cura al
ciego Bartimeo y a su compañero (Mt 20, 29-34; Mc 10, 46-52;
Lc 18, 35-43).
El sábado anterior a la Pascua de ese año
30 dC Jesús se encuentra ya en Betania, a las puertas de
Jerusalén; y comiendo en casa de Simón el leproso tiene
lugar la unción de María (Mt 26, 6-13; Mc 14, 3-9; Jn
12, 1-8). El Iscariote no resiste más y se decide a entregar a
su Maestro; esa misma noche se realiza el pacto de Judas con los
sanedritas (Mt 26, 14-16; Mc 14, 10-11; Lc 22, 3-6). Además
los sumos sacerdotes —sanedritas— habían tomado la
decisión de matar también a Lázaro (Jn 12,
9-11).