"No abandono la cruz"

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"Un Papa no está sólo en el barco de Pedro y por esto quiero dar las gracias a todos los que me han acompañado". Benedicto XVI

Benedicto XVI es el 265º Sumo Pontífice en la historia de la Iglesia Católica y uno de los pocos en dimitir a su cargo, recordando experiencias pasadas como la de Clemente I, Ponciano, Celestino V y Gregorio XII, el más reciente, en el año 1415, nombrado para emérito por su sucesor una vez muerto, en 1417, todos ellos por causas alejadas de las expresadas por el actual, pues en aquel entonces las amenazas de guerras, cismas, etc, eran mas vivas que en la actualidad.

La noticia ha impactado no sólo al mundo católico creyente y practicante, sino a la opinión pública toda, pues que un Papa abdicara era algo impensado, incluso la “Universi Domici Gregis”, Constitución Apostólica sobre la sede vacante y la elección del Romano Pontífice, no contempla siquiera ésta posibilidad, aunque sí aparece como una posibilidad en el Código de Derecho Canónico, siempre y cuando sea una decisión libre y voluntaria, pues al tratarse de la máxima autoridad de la Iglesia Católica no renuncia ante nadie, ni nadie debe aceptar su renuncia.

Durante sus casi ocho años de pontificado, el Santo Padre Benedicto XVI, como lo podremos seguir llamando aún cuando ya no ocupe la Sede de Pedro, ha sido de gran provecho para la Iglesia. sus encíclicas, exhortaciones, catequesis, homilías y discursos, sumadas a su gran obra, la trilogía de “Jesús de Nazaret”, forman parte de un legado teológico-espiritual que ha marcado, y lo seguirá haciendo, el corazón de una Iglesia que desea nutrirse de la Verdad. Fue el Papa de la Verdad, en medio del asedio del relativismo, ese mal que acecha al hombre hasta “deshumanizarlo”, como se pronunció siendo cardenal, en una Europa y en un mundo en el que el sincretismo avanza. Al mismo tiempo que enfrentó cada uno de los problemas de su pontificado con una firmeza única.

Asumió el nombre de Benedicto, Benito, no solo en alusión a su antecesor, Benedicto XV, el papa de la I Guerra Mundial, sino especialmente por san Benito de Nursia, patrono de Europa, a quien recordó ayer durante su última Audiencia Pública, consciente de que re cristianizar este continente era una urgente necesidad. Al mismo tiempo nos enseñó que Dios es Amor, que se manifiesta en y por amor, que salva en la esperanza y que se manifiesta en la caridad, esa es la Verdad, parafraseando sus tres encíclicas.

El Papa sabio. Con su profundidad intelectual y su capacidad de hablar de la idea más compleja aun a los más sencillos, como a los niños, nos invitó a cada instante a redescubrir el rostro de Dios concreto y el ser cristiano en el testimonio y concreto de cada día: “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”

A su vez ha sido, y éste calificativo le vale sobre otros, ha sido el Papa de la fe, nos ha regalado primero un Año Paulino, en el que el modelo de conversión y de apostolado de Pablo nos fue propuesto como digno de imitar, especialmente al crear el Dicasterio para la Nueva Evangelización y el Atrio de los Gentiles; para luego legarnos un Año de la fe en el que podamos profundizar la fe celebrada, profesada, vivida y rezada: “la fe cristiana no es una “religión del libro”: el cristianismo es la “religión de la Palabra de Dios”. Supo hacer de la fe vida concreta, lo que en un momento le llevó a afirmar con firmeza: “Ya no tengo fuerzas”, no quiso para sí honores que no mereciese si no estaba a la altura de las circunstancias. Prefirió la humildad, la entrega desde el silencio y la oración por la Iglesia toda, “no abandono la cruz”, afirmó ayer, sino que seguirá sirviendo a la Iglesia desde otro lugar.

Podemos admirar la grandeza de una persona en la figura del Papa, aun con esta mezcla de sentimientos, de agradecimiento por su pontificado aunque también de gran tristeza, pues si bien el Papa sigue vivo lo hará desde el silencio. Me quedan resonando sus palabras sobre el misterio de la Encarnación: “Dios se ha hecho tan pequeño como para entrar en un pesebre”, para luego confiar en las palabras de un querido sacerdote quien el mismo día en que se conocía la noticia de su renuncia me decía: ante las dificultades y adversidades confiemos en la oración del Santo Padre, él lo hará todo por nosotros. Ante tan gran pontificado solo podemos decir: “Gracias, Santo Padre. Rece por nosotros, haremos lo mismo por usted”-

 

(Fuente: EMILIO RODRIGUEZ ASCURRA / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. )

 

Gentileza de Yocreo.com

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