Dios es, y eso basta

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DIOS ES, y eso basta. Pase lo que pase, está Dios, el esplendor de Dios. Basta que Dios sea Dios.

 

FRAGMENTOS DE SABIDURÍA DE UN POBRE

4 DE OCTUBRE - SAN FRANCISCO DE ASÍS

DIOS ES, y eso basta. Pase lo que pase, está Dios, el esplendor de Dios. Basta que Dios sea Dios. Sólo el hombre que acepta a Dios de esta manera es capaz de aceptarse verdaderamente a sí mismo. Se hace libre de todo querer particular. […] Su querer se ha simplificado. […] Está enteramente abierto a la acción de Dios, que hace de él lo que quiere, que le lleva a donde quiere, y esta santa obediencia le da acceso a las profundidades del universo, a la potencia que mueve los astros y que hace abrirse tan graciosamente a las más humildes flores del campo. Ve claro en el interior del mundo. […] Se hace misericordioso, solar, como el Padre, que hace resplandecer su sol con la misma prodigalidad sobre los buenos y los malos.

El señor me ha hecho ver que la más alta actividad del hombre y su madurez no consiste en la persecución de una idea, por muy elevada y santa que sea, sino en la aceptación del humilde y alegre por lo que es, de todo lo que es. El hombre que sigue una idea permanece cerrado a sí mismo. No comunica verdaderamente a otros seres. No lleva a conocer nunca el universo. Le falta el silencio, la profundidad y la paz. La profundidad de un hombre está en su poder de recepción.

¿Y del trabajo? El trabajo no es todo, no lo resuelve todo, puede ser incluso un obstáculo temible a la libertad del hombre. Es así cada vez que el hombre se deja acaparar de su obra hasta el punto de olvidarse de adorar al Dios viviente y verdadero. Por eso nos es preciso velar celosamente de no dejar apagar en nosotros el espíritu de oración. Eso es lo más importante de todo.

¿Qué es evangelizar? Mira, evangelizar a un hombre es decirle: «Tu también eres amado de Dios en el Señor Jesús». Y no sólo decírselo, sino pensarlo realmente. Y no sólo pensarlo, sino portarse con este hombre de tal manera que sienta y descubra que hay de él algo de salvado, algo más grande y noble de lo que él pensaba, y que se despierte así a una nueva conciencia de sí. Eso es anunciarle la Buena Nueva y eso

no podemos hacerlo más que ofreciéndole nuestra amistad; una amistad real, desinteresada, sin condescendencia, hecha de confianza y de estima profundas.

Es preciso ir hacia los hombres. […] Es preciso, sobre todo, que al ir a ellos no aparezcamos como una nueva especie de competidores. Es nuestra amistad lo que esperan, una amistad que les haga sentir amados de Dios y salvados en Jesucristo.

Dios es el Bien. Y ha querido que su bondad pase por el corazón de los hombres. Hay en eso algo de maravilloso y también de temible. Depende de cada uno de nosotros, por nuestra parte, que los hombres sientan o no la misericordia de Dios.

¿Qué es la Santidad? La santidad no es un cumplimiento de sí mismo […].Es, en primer lugar, un vacío que se descubre, y que se acepta, y que Dios viene a llenar en la medida en que se abre a una plenitud. Nuestra nada, si se acepta, se hace el espacio libre en que Dios puede crear. […] Es contemplar la gloria de Dios, descubrir que Dios es Dios, eternamente Dios, más allá de lo que somos o podemos llegar a ser, gozarse totalmente de lo que Él es. […] Por eso, es preciso simplemente no guardar nada de sí mismo. Barrerlo todo, aún esa percepción aguda de nuestra miseria; dejar sitio libre; aceptar el ser pobre; renunciar a todo lo que pesa, aun el peso de nuestras faltas; no ver más que la gloria del Señor y dejarse irradiar por ella. DIOS ES, ESO BASTA.

¿Y sobre la pureza? ¡Ah hermano, no te preocupes tanto de la pureza de tu alma! Vuelve tu mirada hacia Dios. Admírale. Vuelve tu mirada hacia Dios. Alégrate de lo que Él es. Dale gracias por Él mismo. Es eso mismo tener el corazón puro. Y cuando te hayas vuelto así hacia Dios, no vuelvas más sobre ti mismo. […] La tristeza de no ser perfecto y de encontrarse pecador es un sentimiento todavía humano, demasiado humano. Es preciso elevar tu mirada más alto, mucho más alto. […] El corazón puro es el que no cesa de adorar al Señor vivo y verdadero.

¿Cómo ha de ser un jefe? El jefe debe portase como el más pequeño y hacerse el servidor de todos los suyos. Tendrá cuidado de cada uno de ellos con tanta bondad como quisiera que le mostraran si estuviera en su sitio. Será dulce y misericordioso con respecto a todos. Y ante la falta de uno de ellos, no se irritará contra él, sino que con toda paciencia y humildad le advertirá y le soportará con dulzura. Eso es vivir el santo evangelio.

«Ser pobre, según el evangelio, no es solamente obligarse a hacer lo que hace el último, el esclavo; es hacerlo con el alma y el espíritu del Señor. Eso lo cambia todo. Donde quiera que esté elespíritu del Señor, el corazón no está amargo. No hay sitio para el resentimiento».

Y Francisco escuchó una voz del cielo…

«Aprende ya que Yo soy Dios y deja para siempre de turbarte. […] Te he escogido a propósito, hombrecillo, para que sea manifiesto a la vista de todos que lo que Yo hago en ti, no sale de tu habilidad, sino de mi Gracia. Soy Yo el que te ha llamado. Soy Yo el que guarda el rebaño y lo apacienta. Soy Yo el Señor y el Pastor. Es cosa mía. No te asustes más».

 

Por Eloi Leclerc - www.iglesia.org

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