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"No te mueras, pibe, pensá lo que quieras, cantá lo que quieras, decí lo que quieras, pero no te mueras. Trepate a tus sueños, hacelos bandera, saltá las barreras, pero no te mueras. Grítame a la cara, tu bronca, tu pena, mi error, tu condena, pero no te mueras.
No hay nada, ni nadie, que valga la pena, que tan solo pienses que tu muerte es buena. Hay que amar la vida, de cualquier manera, abrázame fuerte, pibe, pero no te mueras." - José Ángel Trelles

 

POR SANTI -
PARA IGLESIA.ORG


Soy Santiago, tengo 33 años y me gustaría contarte un poco cómo fue mi experiencia al vivir sin Dios y como es ahora, después de dejarlo entrar en mi vida.

Desde chico tuve formación católica, fui a colegios católicos y mis padres me llevaban a misa los domingos. Siempre fui un chico alegre, me gustaban los deportes y tenía muchos amigos. Pero tenía una forma de llamar la atención que era salir los fines de semana y tomar alcohol hasta perder la conciencia. En esos momentos estaba todo bien, tenía 16 años y era el “dueño del mundo”, según yo. Empecé a pensar que ir a misa era aburrido y que la vida religiosa era para los tontos... ahí comenzó mi camino... Fumaba marihuana, todo era joda y no conocía el aburrimiento pero en el fondo estaba vacío; algo me faltaba pero no sabía qué.

A los 21 años me fui de “vacaciones” con un amigo a Hawaii. Nos fuimos por tres meses pero esos tres meses se hicieron nueve años. ¿Parece una buena vida, no? Hoy me doy cuenta que no. Todos esos excesos y ese desorden que tenía de chico, se fueron agrandando y ya no tenía límites en nada. Dios no sólo que no existía para mí sino que estaba en contra de Él. En esos años hice muchas cosas pero me acuerdo de muy pocas; estaba siempre borracho o “fumado”, tomaba mucha cocaína y consumía psicofármacos.

Estuve casado pero tengo pocos recuerdos; mi mujer también consumía entonces consumíamos juntos. Todo estaba muy desordenado. Me divorcié. Comencé a sentirme muy solo y estaba a 17 mil kilómetros de mi familia. Pensaba que no los iba a ver más. Sufría mucho pero, a la vez, no volvía porque seguía tapando todo con alcohol y drogas. Cada vez necesitaba más sustancias y ya ni siquiera podía trabajar sin estar consumiendo.

Tuve un accidente pero no me acuerdo cómo fue. Solo sé que iba en moto y me desperté en el hospital con fracturas en la base del cráneo. Me daban por muerto. Me fueron a buscar a Hawaii y volví a San Miguel de Tucumán, Argentina, la ciudad en la que nací. En ese entonces iba a ser papá, pensé que eso me iba a sacar de la mala vida pero tampoco: mi adicción era muy fuerte. Pensaba muy seguido en quitarme la vida.

Ya estando en Tucumán hice un click: decidí internarme. Fui a una comunidad terapéutica con psicólogos y distintos métodos terapéuticos y participé de las actividades un poco más de tres meses. Salí creyendo que ya estaba curado (hacía 10 años que no estaba tanto tiempo sin consumir). Yo pensaba que se trataba solamente del consumo pero, otra vez, me equivocaba... Entonces, volví a recurrir a las sustancias pero en esta oportunidad ya era peor: sentía mucha culpa, estaba muy paranoico y la verdad que era un sufrimiento vivir... quería que se acabe todos los días.

Un día ya no daba más y le dije a mamá que necesitaba ayuda, que me quería internar y que necesitaba a Dios en mi vida. Me acordé de los “Grupos Esperanza Viva”, unos grupos de auto-ayuda a los que iban chicos con problemas de adicción junto con sus familiares para después internarse en la Fazenda de la Esperanza. Estos centros de rehabilitación para personas que sufren de adicciones nacieron en 1983 de la mano de Nelson Giovanelli, quién se acercó a un grupo de jóvenes que consumían y vendían drogas cerca de su casa en Guaratinguetá, San Pablo en Brasil. Hoy el movimiento se extendió por todo el mundo. Si bien yo estaba muy mal sentí una pequeña esperanza que podía cambiar mi vida. Asique hice todos los trámites, asistí a los grupos y el 29 de diciembre de 2012 partí a mi esperado encuentro con Dios a la Fazenda de Dean Funes, Córdoba – Argentina. Y, así fue...

Hoy ya terminé mis 12 meses de recuperación en la Fazenda de la Esperanza y mi vida cambió completamente. No sólo porque ya no consumo, eso fue lo de menos, el cambio fue en dejar entrar a Dios en mi vida, en aceptarme tal cual soy - con mis defectos y virtudes - y, lo más importante, tratar de vivir cada día de acuerdo al Evangelio. En esa vivencia del Evangelio encontré el camino por el cual no puedo equivocarme y, por primera vez en mi vida, camino seguro. Hoy veo las cosas de otra manera, ya no le tengo miedo a la realidad y, es difícil de explicar, pero siento algo muy lindo por dentro porque ya no estoy más solo.

Siempre tuve materialmente todo lo que necesitaba - nunca me faltó nada - pero seguía vacío y no entendía por qué. Hoy entiendo que necesitaba a Dios porque, tenga o no tenga lo material, estoy lleno y quiero y siento la necesidad de compartir esto. Siento que tengo un tesoro que la única forma de disfrutarlo es compartiéndolo con los demás. Por eso te digo, no guardes tu tesoro porque seguro hay alguien que lo necesita.

No se... no soy muy bueno escribiendo y me pasaron muchas cosas desde que estoy con Dios que no me alcanza la vida para contarlas y agradecerlas. Pero el mensaje que te quiero dar es un mensaje de esperanza porque yo pasé de la muerte a la vida, y Dios me sacó de dónde estaba y me puso donde estoy. Si tenés algún problema no te quedes solo; pedí ayuda. Para Dios no hay nada imposible. 

Paz y Bien.

 

Santi - Enero 2014

 


Si estás sufriendo por alguna adicción o conocés a alguien que necesite ayuda,
contactate al 03521-15438637/38/32 o a través del email Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. ,
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Hay centros de rehabilitación en distintas partes del mundo.

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