Domingo de Ramos con olor a huerto de viernes

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Domingo de ramos
 con olor a huerto de viernes

 

Era domingo y Jesús sabía que un asno lo llevaría a una algarabía de plástico, a un estadio montado en una callecita de Jerusalén.

 

Jesús miraba los Ramos en las manos de la gente que gritaba HOSANNA, y cinco días después no podría entender que en un Huerto lleno de esos mismos olivos vinieran por él.

Jesús se siente extraño en este domingo, él sabe quién es, pero sabe que toda esta fiesta no le cierra, le sabe rara, le duele en algún punto. Conoce los corazones de la gente y experimentala presencia y la distancia de este afecto. No termina de entender. Como hombre le gusta esta sensación de ser amado, cuidado, protegido, pero hay algo en el fondo que lo conduce a la cruz, y ahí su sonrisa ante la alegría de la gente se transforma en un nudo en la garganta. Juan y Pedro perciben, como lo hacen los buenos amigos, que hay algo contradictorio en este cortejo. Ellos miran la gente y miran a Jesús, una y otra vez giran sus cabezas y respiran un olor extraño, confuso, agridulce.

Jesús camina sin decir nada, la gente le grita que es rey. Basta recordar que Judas Iscariote era del grupo de los zelotes, quienes esperaban ansiosos un liberador que los alejara por medio de la revolución armada de este Gigante llamado Roma que los oprimía ferozmente con impuestos y una esclavitud sutil y constante (no hay nada nuevo bajo el sol, en este y en muchos otros puntos). Seguramente el recorrido de aquel asno estuvo plagado de hombres de ese calibre, soñando un Israel que ya no era, y que quizás nunca jamás llegaría a ser así: plenamente libre. Claro está que el galileo que montaba aquel asno, no concordaba (lt. su corazón no estaba con) esas ideas armadas, lo de él era más loco, y más valiente aún, la revolución empezaría por su propio cambio rotundo. Moriría para dar vuelta la lógica de todo el mundo.

Todo esto pasaba en ese camino plagado de ramas, de gritos... de sueños.
Ellos -todos, no dejemos de lado aquí a Pedro que mostrará más tarde que la violencia es para él todavía un camino o a Juan que había querido mandar fuego sobre una población desatenta al mensaje salvífico!- todos soñaban su libertad absoluta de los malditos opresores y Él... Él soñaba que hacía nuevas muy de a poquito todas las cosas, de un modo extrañamente doloroso.

Algo así fue aquel desfile de moda, aquel canto al Rey que quería ser siervo, aquel HOSANA a quien simplemente quería un amén sincero y fiel.

Muchos han hablado de la soledad del calvario, pero la soledad de estar con gente, esa es tremenda, la de tener amigos al lado pero que no nos comprendan, la de todo un pueblo que festeje lo que luego será un fraude, la de tener que ver rostros que hoy dicen VIVA y mañana MUERA, esa soledad es la muerte. Jesús estuvo muriendo mucho antes de aquel viernes gris, Jesús se fue clavando en el madero durante meses, quizás años, Jesús fue masticando ese pedazo de podredumbre humana, de mentira, de negación, de traición, Jesús tuvo su propiaruminatio (parte de la lectio divina en la cual se rumea lo leído) de la Palabra de su padre, y ganas de escupir lo que rumeaba no le deben haber faltado a este carpintero, pero siguió comiendo, siguió masticando, siguió comprometiendo su vida con lo que escuchaba. Así fue muriendo, así esta semana seguirá pensando en lo que se le acerca, y así cada vez lo querrá más, cada vez deseará más el fin, el fin de sus propios miedos a morir, el fin de sus propios fantasmas de como será, el fin de la voluntad de su padre, quizás por eso este viernes se escuchará TODO SE HA CUMPLIDO, que podría ser traducido como BASTA, no puedo más, BASTA ABBÁ, BASTA ABBÁ, BASTA PAPITO... BASTA de violencia, no puedo más, quiero estar con vos, quiero estar en paz... 

En esa última semana, no fue extraño verlo perdido, ajeno, sin comer. Estaba soñando salvaciones a costa de su vida, estaba pensando en ti y en mí, y mientras lloraba, María le preguntaba: ¿LO HARÁS?

Y él le contestaba: Si conocieras mamá cómo los amo, si sintieras este fuego divino que arde en este pecho, te subirías conmigo a ese madero. Nunca como hombre, estuve tan seguro de algo y jamás, jamás tuve tanto miedo de amar y de ser lastimado. Me siento tan frágil, tan pequeño, tan débil, tan hombre. ¿Sabés que? Quisiera que estuviera aquí papá para que me enseñe a hacerle frente a la vida como lo hizo él con vos cuando se escaparon a Egipto. 

Hay algo mamá que tengo que hacer y hasta que no lo haga no voy a poder ser feliz... me tengo que entregar todo, tengo que perderme en el Amor. Me tengo que dejar afectar por los demás, aunque su forma de tocarme no sea la tuya, es otro modo de tocar que tengo que sentir. Nada de lo humano debe quedar sin ser saboreado, tengo que tocarlo todo, para que todo sea nuevo. 



 

Gentileza de Intuir con Jesús
www.iglesia.org
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