El milagro de los milagros

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—No existe ninguna duda de que ocurrió realmente la Resurrección de Cristo –me explicó el catedrático B–,

y no lo digo como cristiano creyente, sino como conocedor de las circunstancias históricas y como psicólogo, y lo que es más aún, lo puedo demostrar.

—Me tiene usted sobre ascuas, demuéstremelo ¡por favor!

—Se trata de un movimiento religioso entonces muy poco numeroso que se había agrupado alrededor de una personalidad central muy fuerte –manifestó el catedrático B–, los mandos inferiores, los apóstoles, eran gente sencilla: pescadores, recaudadores de aduanas, casi todos ellos de Galilea, es decir, provincianos y campesinos. No son precisamente héroes. Cuando prenden al cabecilla del movimiento, sólo hay uno que se atreve a alzar la mano en su defensa. Y precisamente ese hombre, el más valiente de todos, niega a su señor un par de horas más tarde tres veces, de puro temor por la propia vida. El cabeza del movimiento es llevado a juicio, condenado a muerte y ejecutado. Su madre está presente. Pero de sus apóstoles, de nuevo, uno sólo. Los demás están en Jerusalén temblando de miedo tras las puertas cerradas. Y ahora el hombre está muerto y enterrado. ¿Qué ocurre en estos casos, cuando un movimiento tiene una personalidad central poderosa y ésta es capturada por el poder del estado y ejecutada? Es el final del movimiento. ¿Hitler ha muerto? Entonces todo ha terminado, no sólo se capitula sino que jamás se ha pertenecido a su movimiento. ¿Han ahorcado a Mussolini? De repente nadie ha sido jamás fascista. ¿Pero qué es lo que sucede aquí? ¡Seis semanas después de la muerte de Cristo, sus apóstoles predican en público su Resurrección! El mismo Pedro, que ante una criada, había negado siquiera conocer a Cristo dice en su misma cara al hombre más temido de todo Jerusalén, al sumo sacerdote Caifas y a todo el sanedrín, que han matado al Mesías, pero que éste ha resucitado. Todos los apóstoles declaran haber visto al Resucitado y haber hablado con Él. Dicen que desde ese momento ha comido con ellos y ha predicado a diario su doctrina durante semanas. Y esto lo afirman desde ese momento hasta el final de sus vidas. Son perseguidos, martirizados y finalmente ejecutados. Jamás se retractan. Y ahora preguntamos ¿Qué es lo que ha convertido a estos hombres atemorizados en héroes? ¿Cuál ha sido la causa de este cambio fenomenal? Claro que si le han visto realmente, no sólo un momento, como una alucinación, una autosugestión, sino, como ellos mismos afirman, durante semanas día a día, entonces su actitud se hace comprensible. Entonces es que están seguros de su causa y no hay nada que pueda ya apartarlos de ella. De otro modo este cambio psicológico sería totalmente inexplicable. Por tanto tienen que haber visto al Resucitado. Por tanto tiene que haber existido la Resurrección. Que es lo que había que demostrar.

—Yo lo creía también sin todo eso. Pero quizás sea bueno que haya gente que se convenza de ello a su manera.

 

Louis de Wohl - www.conoze.com - Gentileza de Fluvium.org

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