La Santa Espera

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El Adviento es el tiempo de la espera. Ella puede ser aburrida y frustrante; pero quizás existe una dimensión de escondida riqueza en ella. 

 

¿Cómo podemos convertir nuestro disgusto en una “Santa Espera”? 

Dios construye una gran cantidad de esperas en nuestras vidas. Todo el Antiguo Testamento trata de esperas. Finalmente Dios envía su Hijo. Pareció entonces que la espera había terminado. Pero piensen en los años que Jesús vivió en Nazaret, y en los que nada sucedió! Parece que Dios hizo esperar a Jesús! Luego sucede el huracán de su ministerio público: “apareció, habló, fue, oró, sanó , partió el pan”... En la Pasión, la espera vuelve a ser el tema central. Jesús se muestra como extraordinariamente pasivo. Cuando antes Él hacía todo, ahora todo se le hace a Él: “Lo apresaron, lo flagelaron, lo crucificaron y lo sepultaron”.

Jesús se ha entregado totalmente: no se defiende. Espera por lo que sus enemigos decidan hacer con Él. Les dice a sus atormentadores: “Mi amor por ustedes es inagotable. No importa lo que me hagan, mi amor no flaqueará". El amor en su corazón convierte este tiempo en una “santa espera”.

La espera, entonces, posee una cualidad divina. La espera de Jesús nos muestra su gran amor. Él sabe como es nuestra espera humana. De Él podremos aprender cómo soportar con amor lo que no se puede cambiar. En esos momentos estaremos cerca de Dios. El Adviento nos entrega un tiempo muy especial para esta “santa espera”.

 

 

Por Brian Grogan SJ - Gentileza de EspacioSagrado.com

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