San Joaquín y Santa Ana

Valora este artículo
(7 votos)

FIESTA: 26 DE JULIO

 

Una antiquísima tradición nos ha conservado los nombres de los padres de Santa María, que fueron, dentro de su tiempo y de sus circunstancias históricas concretas, un eslabón precioso del proyecto de salvación de la humanidad(Juan Pablo II, Homilía 26-VII-1983). A través de ellos nos ha llegado la bendición que un día prometió Dios a Abrahán y a su descendencia, pues a través de su hija recibimos al Salvador. San Juan Damasceno afirma que los conocemos por sus frutos: la Virgen María es el gran fruto que dieron a la humanidad. Ana la concibió purísima e inmaculada en su seno.

San Joaquín y Santa Ana tuvieron la inmensa suerte de haber podido cuidar y tener en su hogar a la Madre de Dios. Jesús, por vía, materna, desciende directamente de estos esposos que hoy celebramos.

A los padres de Nuestra Señora podemos encomendar nuestras necesidades, especialmente aquellas que se refieren a la santidad de nuestros hogares. Señor, ayúdanos, por su interseción,a velar por aquellos que especialmente has puesto a nuestro cuidado. Enséñanos a crear a nuestro alrededor un clima humano y sobrenatural en el que sea más fácil encontrarte a Ti, nuestro fin último y nuestro tesoro.

El Papa Juan Pablo II enseña que San Joaquín y Santa Ana son una fuente constante de inspiración en la vida cotidiana, en la vida familiar y social. Y exhortaba: Transmitíos mutuamente de generación en generación, junto con la oración, todo el patrimonio de la vida cristiana. En el hogar que formaron los padres de Santa María, recibió Ella el tesoro de las tradiciones de la Casa de David que pasaban de una generación a otra. Allí aprendió Nuestra Señora a dirigirse a su Padre Dios con inmensa piedad; en este hogar conoció las profecías referentes a la llegada del Mesías, al lugar de su nacimiento...

Es muy probable que nosotros también hayamos recibido el incomparable don de la fe y costumbres buenas desde muchos ascendientes que las han ido conservando y transmitiendo como un tesoro. A la vez, tenemos el grato deber de conservar ese patrimonio para llevarlo a otros.

Hemos de hacer presente a Dios en el hogar también con esas costumbres cristianas de siempre: la bendición de la mesa, rezar con los hijos más pequeños las oraciones de la noche..., leer con los mayores algún versículo del Evangelio, rezar por los difuntos alguna oración breve, por las intenciones de la familia y del Papa..., asistir los domingos juntos a la Santa Misa... Y el Santo Rosario, la oración que los Romanos Pontífices tanto han recomendado que se rece en familia.

Las nuevas circunstancias piden familias coherentes, generosas en su comportamiento. Será muy grato también a Nuestra Madre, Santa María, que renovemos una vez más el propósito tantas veces formulado de procurar ser siempre instrumentos de unión entre los diversos miembros de la familia a través del servicio gustoso y de los pequeños sacrificios diarios en favor de los demás.

San Joaquín y Santa Ana debieron pensar muchas veces que algo grande quería Dios de aquella hija suya, llena de santos dones humanos y sobrenaturales, y la ofrecerían a Dios como los hebreos solían hacer con sus hijos. Los padres, que fortalecen su amor en la oración, sabrán respetar la voluntad de Dios sobre sus hijos, más aún cuando éstos reciben una vocación de entrega plena a Dios.

El amor en el matrimonio puede ser también un camino divino, vocacional, maravilloso, cauce para una completa dedicación a nuestro Dios (Josemaría Escrivá de Balaguer). Este amor ha de ser eficaz y operativo en cuanto se refiere a su fruto, que son los hijos. El verdadero amor se manifestará en el empeño por formarles para que sean trabajadores, austeros, educados en el pleno sentido de la palabra..., y sean así buenos cristianos; que arraiguen en ellos los fundamentos de las virtudes humanas. Los padres no deben olvidar nunca que son administradores de un inmenso tesoro de Dios y que, por ser cristianos, forman una familia en la que Cristo está presente, lo que le da unas características propias.

Pidamos hoy a San Joaquín y Santa Ana que los hogares cristianos sean lugares donde fácilmente se encuentre a Dios. Acudamos también a Nuestra Señora. Todos unidos, elevemos a Ella nuestros corazones y, por su mediación, digamos a María, hija y Madre: Muéstrate Madre para todos, ofrece nuestra oración, que Cristo la acepte benigno, Él, que se ha hecho Hijo tuyo (Juan Pablo II, Homilía 10-XII-1978).

El Papa León XIII dignificó su fiesta, que se celebró por separado hasta la última reforma litúrgica.



Extracto del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández-Carvajal

Visto 21547 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.