La oración

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Las personas no acostumbradas a orar regularmente, deben ser motivadas a orar, indicándoles que practicarla vale la pena, aunque, en ocasiones, no es entretenida.
Los ejemplos de Jesús y de los santos nos recuerdan que la búsqueda de la voluntad de Dios, fue siempre una fuente de alegría, incluso en medio de sufrimientos terribles. Ellos nos muestran una personal devoción a la oración, y cómo todo lo que hacen en sus vidas se apoya en la oración. Para ellos, la oración es la sangre de sus almas; es lo que los alimenta para enfrentar las dificultades y mantener la confianza en el cuidado definitivo de Dios en sus vidas. La oración se difunde en todos los aspectos de sus vidas; sus vidas se transforman en oración.

A lo largo del tiempo, lo que practicamos con el mayor cuidado, llega a ser la esencia de nuestras vidas, y la oración es una de ellas. La vida de Jesús fue un constante testimonio de Dios; pero incluso Jesús, en casos importantes, se retiró para estar solo con Dios. El ver a Dios en todas las cosas nos puede permitir, como a Jesús, de convertir cualquier momento de nuestra vida en oración. Pero también como Jesús, debemos darnos momentos para estar solas/os con Dios.

 

Por Tim Muldoon - Gentileza de EspacioSagrado.com

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