Jesús llega. Siempre

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Humildad y alegría. La mejor manera de recibir a Jesús. Humildad para dejarse amar a pesar de todo. Jesús llega. Siempre.

 

Jesús llega y transforma el lugar más pobre y oscuro en un espacio de luz y paz, el acontecimiento más desesperado en historia de salvación.

Trae alegría sencilla, de la verdadera. De la que no pasa porque Jesús no pasa. Viene a plantar su carpa entre nosotros. A ser presencia. Y del mismo modo que cuando llega un niño a un hogar, por el mero hecho de ser y estar, cambia todo. Llena de luz los rostros que lo rodean. De color el gris que a veces se anida en el alma.

Este misterio, como decía un Padre de la Iglesia, se cumple sin ruido. Hagamos un pesebre de silencio, sólo por un instante. Estoy seguro que algo de esa luz empezará así a despuntar en nuestro corazón.

 

 

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