Cambia el mundo

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Cuando era joven era un revolucionario y mi oración a Dios era: "Señor, dame la energía para cambiar al mundo."

Al llegar a los cuarenta y darme cuenta de que la mitad de mi vida se había ido sin que yo hubiese cambiado una sola alma, modifiqué mi oración:

"Señor, dame la gracia para cambiar a todos aquellos con quienes tengo contacto, solamente mi familia y mis amigos y estaré satisfecho."

Ahora, que ya soy un anciano y mis días están contados, mi única oración es:

"Señor, dame la gracia de cambiarme a mi mismo."

¡Si hubiera orado de esta forma desde el principio, no hubiese desperdiciado mi vida!

No esperes a que otros cambien para estar en un mundo mejor, decídete a ser el revolucionario que lo cambie con su forma de ser, su amor por los demás y su fe en Jesús.
 

Anónimo
www.iglesia.org
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